lunes, febrero 09, 2009

Siempre seré una anárquica, pero una anárquica productiva.


No, no me he vuelto ni punk, ni anarquista, o más bien, no he vuelto a mi época anarka en la que me pasaba todo mi tiempo libre en la casa Okupa. 

Estaba, como todas las tardes, haciendo un repaso de las cosas que tengo que hacer y de cómo gestionar el tiempo que tengo entre mis manos para que, una vez más, acabe haciendo todo lo contrario a lo que me propuse. Y, ¿por qué? pues porque siempre he sido absolutamente anárquica en mis hábitos. Nunca hago lo mismo dos días seguidos, ni a la misma hora, pero siempre me las arreglo para conseguir mis objetivos en el plazo estipulado.

He intentado con todas mis fuerzas ser organizada y metódica en mis quehaceres diarios utilizando varios métodos.

Uno de los métodos consistió en comprarme una agenda. Conseguí organizarme durante un tiempo, pero me fui al extremo contrario. Apuntaba las horas y minutos que tardaba en hacer una actividad determinada, para al final del día sumar las horas y saber en qué había invertido mi tiempo. Al cabo de pocos meses lo dejé porque me iba a chiflar por completo.

Otro de los mecanismos fue sentarme delante de mi escritorio a la misma hora y empezar a hacer mis tareas diarias a la misma hora día tras día. Con este mecanismo no he durado ni una semana. 

Los fines de semana almuerzo a las cinco de la tarde, meriendo a las 9 de la noche y ceno a medianoche. De vuelta a casa me monto en la guagua...bus y me bajo en mitad del trayecto para hacer la mitad del camino caminando o irme a otro lado.

Tengo que aclarar que tengo un vicio al que estoy totalmente enganchada, que es caminar todos los días Kilómetros, varios kilómetros. Camino una media de 6-10 Km. diarios. Lo hago desde que tengo 12 años. Caminaba 20 kilómetros sólo para ir al cine, o recorría Madrid a pie, desde la calle Princesa hasta López de Hoyos sólo para ir a un cumpleaños, felicitar y volver a mi punto de partida (o no), recorriendo siempre un trayecto distinto que el de ida.

He hecho esta aclaración porque si me vienen la ganas de caminar, no las puedo frenar, o no quiero frenarlas, porque para mí caminar kilómetros y kilómetros es un verdadero placer. Y por mucho que me  haya propuesto organizar mis tareas, me es imposible cumplir con un horario estanco salvo una sola excepción: Que hayan otras personas implicadas.

En este caso tengo que reconocer que soy muy formal y cumplidora, incluso me paso con los plazos y tiempos. Soy una maniática de la puntualidad y de los formalismos. Si he quedado en algo con alguien, lo cumplo hasta la última palabra. 

Pues así soy, anárquica en mis hábitos cuando estoy sola, y una maniática de la formalidad cuando se trata de los demás. 

Todavía intento ser organizada y disciplinada, pero tengo que reconocer que no lo he conseguido y creo que nunca lo conseguiré. 

En la universidad todos los empollones de mi clase eran asquerosamente organizados y cabezas cuadradas, pero yo siempre me las arreglaba para aprobarlo todo y con mejores notas. ¡Al menos mi anarkía es una anarkía productiva!