lunes, abril 20, 2009

No tenemos que vivir la vida que los otros esperan que vivamos





Una de las cosas que nos planteamos, como mínimo veintena de veces cada año, es qué queremos hacer con nuestra vida. Esta pregunta está muy bien que nos la hagamos, pero también corremos el riesgo de plantear la cuestión y, en medio de la confusión en la que nos encontramos, tomar un comentario o sugerencia que nos digan como guía a seguir.

Es fundamental que hagamos la vida que queremos hacer, que sigamos la senda de aquello que hemos anhelado siempre, o de lo que realmente te inspira. No es fácil en absoluto caer en la cuenta de aquello en lo que deseas concentrar todas tus energías, más bien al contrario, pero la pregunta es...¿Y quién me lo va a impedir? Ojo, porque puede que le estemos dando permiso a más gente de la que creemos para que se crean con el derecho de opinar o de guiar nuestras vidas.

Otra cuestión es, quiero alcanzar el éxito. Estupendo, considero que la ambición bien entendida como crecimiento personal continuo es infinitamente enriquecedora, pero...

¿Cuál es la definición de Éxito?

Mi definición particular de éxito es aquello que hago todos los días. Cuando me presentan a alguien y me hacen la famosa pregunta de...Y tú, ¿a qué te deidicas?  Y yo contesto, soy emprendedora. Sí, estoy emprendiendo mi propio proyecto empresarial y personal. Estoy en medio de la fase de start up personal y empresarial.

Éxito, para mí, no es ganar dinero, porque el dinero deberíamos entenderlo como una consecuencia de lo que haces y no como un objetivo, sino que éxito es lograr mis pequeñas metas a diario.

En este proceso es conveniente que nos rodeemos de la gente correcta y, lamentablemente, a partir de ahora, no existe cualquiera, ahora queremos atraer a la gente adecuada, y parte de este proceso consiste en ir apartando cuidadosamente a la gente que no nos aporta nada.

El primer paso a seguir es crear una historia convincente. Esto no significa inventarse nada, significa compartir con los demás tus ideas más interesantes, ideas elaboradas, reflexionadas y que has decidido compartir. Pero esto tampoco significa que toda la gente comparta nuestras ideas ni les convenzan.

Yo tengo que contarles que he estado la mayor parte de mi vida adulta trabajando por cuenta ajena, que un día me cansé, por una parte, de llevar siempre la misma vida sujeta a unos horarios y a unos jefes, y por otra, de perder un tiempo maravilloso que lo podía invertir en concentrar toda mi energía, hasta que un día salí a la calle con la intención de sentir y de rastrear todos los rincones de la ciudad y de mi ciudad interna con la finalidad de ver satisfechas mis ansias de autosuperación constantes. Este proceso no acaba nunca, pero la cuestión es que hace ya algún tiempo que lo empecé y que ya me encuentro en un punto donde ya no hay retorno. 

Esta historia brevemente expuesta no tiene por qué convencer a todo el mundo, pero sí que tiene que convencer a mi audiencia. 

Y tú, ¿Cuál es tu historia? De nuevo he decirte que no hace falta que convenzas a todo el mundo, pero sí que gustes a tu audiencia. 

Hay miles de voces ahí fuera, y una manera de atravesar el ruido es el contenido de tu insignia.